viernes, 22 de octubre de 2010

8ª Etapa: El Salto Angel




… Y allí, apostados en este campamento en mitad de la selva, a orillas del río Churún, vienen a mi memoria las vivencias de Ruth Robertson cuando acampó muy cerca de aquí. Quizá, quien sabe, en este mismo lugar.






Ruth Robertson fue reportera de National Geographic. Era corresponsal en Alaska durante la Segunda Guerra Mundial y no dudó en trasladarse a Caracas cuando le ofrecieron escribir un artículo sobre los pilotos estadounidenses en Venezuela. Pronto le fue familiar el nombre de Jimmy Angel y los rumores de una catarata que se desplomaba al vacío desde una altura de 1.600 metros. Ruth se embarcó en una pequeña expedición organizada por National Geographic para tal ocasión y se adentró en la Gran Sabana en su busca. Como resultado de aquella experiencia publicó en 1949 “Viaje por la jungla a las cataratas más altas del mundo”, y en ella se puede leer cómo vieron el salto por primera vez sobre las 11 de la mañana del 12 de mayo y cómo se realizó la medición, por parte de su compañero de expedición Perry Lowery, que dio como resultado 979 metros de altitud. Esta medida sigue siendo oficial en la actualidad. Ruth y su equipo estaban en lo cierto como ya suponían: el Salto Angel es la cascada más alta del mundo. Tanto, que a media cae el agua se volatiliza y vuelve a condensarse de nuevo antes de tocar tierra… un vuelo abismal.

 



Como abismal –por decirlo de alguna manera aunque quizá no sea el mejor adjetivo- debió ser también la cara de todos nosotros si alguien venido de fuera nos observara en el momento de divisar por primera vez en un recodo del río la parte superior del Salto Angel. Lo recuerdo como uno de los momentos más emotivos de mi vida y no creo que lo olvide nunca. Creedme que no es fácil de explicar cuando se observa por vez primera y uno tiene constancia real de la dimensión y proporciones del salto Angel bautizado en honor al piloto norteamericano. Aprovecho por tanto para decir que no se trata pues del Salto del Ángel, aunque bien pudiera serlo…






Esa mañana amaneció despejado ¡nos tocó la lotería! Sería una pena llegar hasta aquí y no poder verlo, como muchas veces ocurre, por las brumas o las nubes… Sobre el fuego de la hoguera humeaba el café caliente y alrededor se terminaba de secar la ropa y el calzado sometido al rigor de la humedad constante.


Se palpaba en el ambiente que había muchas ganas de salir cuanto antes río arriba, hacia el Cañón del Diablo, una estrecha garganta en cuya parte final se desploma el salto Churún meru desde más de 700 metros de altura, el cuarto más alto del mundo, y en cuya boca de entrada se encuentra el Salto Angel.






Tras algo más de 3 horas de navegación remontando las oscuras aguas del río Churún llegamos a la isla Ratón no sin antes bajarnos en algún punto en el que la canoa toca con el fondo. Es noviembre y dentro de poco el cauce del río bajará hasta el punto de no poder llegar hasta el salto navegando. Durante una buena parte del año el Salto Angel sólo se puede contemplar en vuelos panorámicos que se organizan desde Canaima.




Pie a tierra en isla Ratón, donde el salto Angel ya es perceptible en toda su extensión, sólo resta caminar por la selva unos quince minutos hasta subir al mirador Laime. Sin duda uno de los balcones naturales más sobrecogedores del mundo, frente por frente con la majestuosa cascada.

 … y allí nos hicimos la foto de rigor en grupo. Con esa cara mitad felicidad mitad incredulidad antes de relajarnos con un baño en las tintadas aguas del Churún previo regreso hasta el campamento donde habíamos dormido la noche anterior. Esa noche, ni que decir tiene, fue diferente en la vida de todos nosotros.
Las sorpresas no habían terminado.





miércoles, 20 de octubre de 2010

7ª Etapa: Kavac - Kamarata - Campo Arenales. Expedición fluvial al Salto Angel



Río abajo… y río arriba


Comienza hoy como os comentaba una segunda parte de la expedición. Algunas empresas locales lo ofrecen incluso como programa independiente. Por cierto, es oportuno decir que la expedición llegó al éxito gracias en buena medida al buen hacer de la empresa local venezolana que nos guió por el parque nacional Canaima y la Gran Sabana. Se llama Ruta Salvaje, con Iván Artal al frente. Nosotros, ya puestos, enlazamos la subida y el descenso del Auyán-tepui con la navegación fluvial que, bordeando la parte oriental de la gran montaña, nos llevará hasta los pies del Salto Angel, el mayor salto de agua del planeta.





Cambiamos con ello los senderos terrestres por los “senderos fluviales”. La Gran Sabana es un ecosistema que registra muchas precipitaciones y la escorrentía es alta. Una red de venas y arterias de agua recorre la impenetrable selva venezolana constituyendo las auténticas vías de comunicación del tapiz del escudo guayanés. Son las carreteras y caminos de la selva.




Comienza por tanto una expedición fluvial entre Kamarata, en la zona de Kavac y Uruyén, y la base de la cascada del Salto Angel. 4 días inolvidables días.







Río abajo y río arriba


Primero es preciso llegar a Kamarata en 4x4 desde Kavac. Kamarata es una aldea indígena a orillas del río Akenán. Todavía recuerdo las caras de asombro de los niños cuando les mostraba las fotos en la pantalla de la cámara digital. En 2002 la fotografía digital comenzaba su andadura y era novedad para todos. Más para aquellos chavales.


Sin tiempo que perder, ya están esperando las curiaras –embarcaciones locales de madera- que nos trasladarán hasta el objetivo. La navegación por el río Akenán y más tarde por el río Carrao es favorable, pues se avanza rápido río abajo. A pesar de todo pasamos unas cuantas horas a bordo.



Con las últimas luces del día se llega a la unión del río Carrao con el río Churún, que baja por la izquierda desde el Auyán-tepui. Ahora la navegación se torna más lenta y con ayuda del motor, como toda la jornada, comenzamos a remontar el Churún contra corriente hasta el Campo Arenales, donde pasaremos la noche. Aunque todavía fuera del alcance de la vista, estábamos a las puertas del Cañón del Diablo, desde donde se descuelga el Salto Angel al vacío. Lo sabíamos, y también sabíamos que al día siguiente iba a ser inolvidable, más si aguantaba bien como hasta ahora la siempre imprevisible meteorología. El nerviosismo se palpaba en el ambiente. Esa noche en la hoguera el buen ánimo de todo el mundo era una constante mientras se secaba la ropa y las botas al calor del fuego.


El campamento en la selva aquel día durmió sumido en una paz llena de buenos presagios...


lunes, 18 de octubre de 2010

6ª Etapa: Guayaraka-Kavac


Sexto día en el paraíso.

4-5 horas


Comparada con la jornada de ayer, ésta es un paseo. Se trata en efecto de descender desde el campamento Guayaraca, en la primera terraza del Auyán – tepui, hasta el terreno llano de la Gran Sabana, a los pies de la montaña y luego ir bordeando el Auyán hacia el este hasta el campamento Kavac. Como digo, un día tranquilo “para estirar las piernas”.






Iniciamos pronto el descenso, aunque hoy se palpa en el ambiente que no tenemos la prisa de días anteriores. Comenzamos a descender por el mismo camino que hace cinco días nos introdujo en la majestuosidad del Auyán-Tepui y sólo tememos una cosa: el sofocante calor del primer día en este lugar. El cielo amaneció despejado con algunas nubes, como es habitual, aferradas al paredón rocoso que rodea al tepui. El sendero, siempre en descenso, parece estar hecho ahora para el disfrute más absoluto, como si la Montaña Sagrada –como la llamana los pemones- quisiera ofrecernos una última jornada diseñada para poder evaluar y asimilar su paraíso y lo que en él hemos tenido la fortuna de hacer.






A medida que el día avanza el calor comienza a ser asfixiante pero las nubes van adquiriendo todo el aspecto tormentoso del que hasta ahora nos habíamos librado. En el llano horizonte se adivinan cortinas de lluvia. También se adivina que una de ellas se nos viene encima. El grupo en su tradicional fila india, aunque esta vez no propiciada por la dureza del terreno sino por la relajación en el caminar, ya se encuentra en el llano. La cortina de lluvia está literalmente encima de nosotros y muy pronto descarga uno de los chaparrones más fuertes y agradables que recuerdo. Fuerte porque en el Gran Sabana cuando llueve, llueve de veras; y agradable porque la sensación de calor queda aplacada con esta ducha torrencial divina. Lejos de ponernos una capa de agua, todos seguimos caminando y gozándola, con más o menos ropa, pero caminando…






Pasada la tromba el sol vuelve a aparecer y a apretar con fuerza. La cortina de agua deja paso a las pequeñas cortinillas de vapor de agua que la hierba desprende al evaporizarse bajo un sol de justicia.






Dejamos a la derecha la pista que lleva hacia Uruyén, donde aterrizamos el primer día y seguimos más pegados a la ladera –desde la que se descuelgan algunas cascadas- hacia el siguiente campamento: Kavac. Se trata de un campamento con cabañas -churuatas- que ofrecen un buen techo en el que colgar las hamacas y con unas vistas excepcionales de la Auyán.

Uruyén suele ser el final del trekking del Auyán-Tepui (6 días/5 noches) y donde suele tomarse el vuelo de regreso en las expediciones organizadas por las agencias de aventura locales. Nuestro propósito es diferente. Llegamos con tiempo para descansar en Kavac y relajarnos. La noche es maravillosa y de agradable temperatura. El cansancio no obstante parece aflorar de golpe y las hamacas pronto se llenan de inquilinos… Mañana será el principio de lo que podríamos definir una segunda expedición, la expedición fluvial que nos llevará a la segunda gran meta: el Salto Angel. Aprieto los puños fuerte para dormir más rápido y que la mañana llegue cuanto antes para llevarme a este sueño…








jueves, 14 de octubre de 2010

5ª Etapa. Cima Auyán-tepui – Campamento Guayaraca


La etapa más dura
11 horas

Antes de pisar tierra venezolana a primeros de noviembre de 2002, habíamos pasado el año en España preparando físicamente la expedición. Se habían realizado cuatro pruebas en diferentes rincones montañosos de la península Ibérica para seleccionar los integrantes finales de la expedición (Picos de Europa, Gredos, Grazalema….) José Manuel, el responsable, mucho había incidido en la especial dureza física del trazado de esta edición. Ya se había subido anteriormente el Roraima tepui, el más alto de la Gran Sabana con 2.800 metros de altitud, pero el Auyán era aún más exigente en sus rampas. Poco o nada se dijo en cambio de la bajada.






El descenso decidimos hacerlo en sólo 2 jornadas. La primera bajaría directamente desde El Oso, en la cima, hasta Guayaraca. Casi 2.000 metros de desnivel y 11 horas de caminata. La segunda desde Guayaraca hasta Uruyén y de ahí a Kavac en un trazado mucho más cómodo y suave.






Tras el desayuno en el “calor” del Oso, en la cima, no había tiempo que perder. Teníamos por delante una etapa larga, la más larga. También la más dura. Había que desandar el camino de subida pues como ya os he comentado no hay alternativa posible. Sólo existe un camino entre la base y la cumbre del Auyán.


Tres horas después de salir llegamos al borde del tepui. En la cima ya habíamos tenido que atravesar –pues no hay forma de esquivarlos- pasos convertidos en auténticos barrizales en los que la pierna desaparece por debajo de la pantorrilla en cada zancada (foto). Pues sólo era el comienzo. Descendimos ayudados por las cuerdas en los puntos más comprometidos y resbaladizos por los huecos y rendijas de La Paloma hasta llegar a la base del farallón rocoso. Cortado a pico con la verticalidad de las paredes de una gran tarta. Fue penetrar de nuevo en el Mundo Perdido y revivir uno de los tramos más espectaculares del trekking.


Llegamos al tramo de las raíces embarradas, que se hizo eterno y dejó piernas entumecidas y los tobillos tocados. Se acaba el terreno horizontal. A partir de aquí nos lanzamos en un vertiginoso descenso por la selva, mejor dicho por el barrizal selvático. Si difícil y cansado es subir, duro y agotador es descender en un terreno tan vertical. Los resbalones estaban a la orden del día pues carecíamos de fijación de agarre en las botas. Todo el pie hasta casi la rodilla era una bola de barro y la bota apenas se distinguía.






Pasamos por El Peñón sin detenernos, echando una mirada cómplice por el cobijo que nos había dado días atrás en lo que nos pareció un hotel de cinco estrellas. El único punto horizontal entre la primera y la segunda terrazas del Auyán.


Había llovido mucho en la zona los días anteriores y el sendero era un verdadero tobogán. Bajábamos en fila india, en pequeños grupos de 3-4 personas, pues el grupo iba roto en función de los ritmos de cada uno.

Pronto circulaban de delante hacia detrás las noticias entre los rezagados que hacían de puente informativo en esta cadena de senderistas: un porteador se había caído y se había lastimado una pierna, tenían que llevarlo a cuestas entre el resto de sus compañeros. Al rato otra noticia: un guía había pisado una serpiente –suerte que fue una falsa coral-… El cansancio era extremo y sabíamos que una vez iniciado el descenso no hay marcha atrás ni opción de vivac intermedio porque sencillamente: no hay donde hacerlo. No queda más remedio que continuar hasta Guayaraca y unir en una sola etapa la distancia que a la ida habíamos hecho en dos días.


Como era lógico, la noche se echó encima. Al campamento iban llegando lucecitas que se tambaleaban en la distancia, eran las linternas frontales de los pequeños grupitos con los más rezagados. Algunos al llegar literalmente se desplomaban extenuados. Otros recobraban inusitadamente las fuerzas y se ponían a dar saltos sabedores de que habían superado lo más duro. Guayaraca era como volver a casa.